BIODIVERSIDAD: PROTECCIÓN DE ESPECIES EN PELIGRO DE EXTINCIÓN

CONFERENCIA PRONUNCIADA EN LA REAL ACADEMIA DE CIENCIAS VETERINARIAS EL 14-FEBRERO-2007.


Dr. Paulino Díez Gómez

Académico de número de la Real Academia de Ciencias Veterinarias

 

 

1-EVOLUCION DE LOS SERES VIVOS


Todos los seres vivos  durante su existencia, se han visto obligados a enfrentarse a los problemas planteados tanto por el medio físico sobre el que se desarrollan, como los ocasionados positivos y negativos por la coexistencia con otras especies.
La adaptación al frío, al calor, a la concentración elevada de sal en las aguas, al exceso de insolación o al incremento de la concentración de oxígeno en la atmósfera como resultado de la aparición de nuevas formas vivas fotosintetizadoras, han determinado las características físicas – e incluso etológicas – que debían poseer los organismos para sobrevivir en unas condiciones determinadas.

Hace unos 2000 millones de años apenas se encontraba oxígeno en el planeta Tierra y por tanto los organismos que habitaban el planeta son lo que ahora llamamos seres anaerobios.
Pero en el proceso evolutivo resultó que ciertas algas microscópicas, algunas bacterias y luego también lo harían las plantas aprendieron a usar el CO2  y el agua para quedarse con el carbono y el hidrógeno y liberar oxígeno como producto de desecho. Este oxígeno era incluso para algunos seres que lo producían un peligro, y de hecho no sobrevivieron en un mundo en el que este llegó a ser demasiado abundante por lo que las bacterias anaerobias, antes dominantes, quedaron restringidas a algunos espacios donde no llegaba el oxígeno que para ellas constituía un contaminante.

Aquellas especies que no han sido capaces de desarrollar los mecanismos de respuesta adecuados a las situaciones que se les planteaban han desaparecido irremediablemente. Y han sido muchísimas a lo largo de la historia. De hecho, basta con echar un somero vistazo al registro fósil del planeta, para darse cuenta de que el número de especies desaparecidas durante la historia geológica de la Tierra es mucho más elevado de lo que en principio pueda pensarse. Y eso contando solo a las especies detectadas y descritas, puesto que otras muchas permanecerán para siempre en el anonimato al no haber quedado sus restos convertidos en mineral, es decir, fosilizados, por poseer cuerpos blandos, por carecer de caparazón o esqueleto, o por ostentar un tamaño tan pequeño que resulta imposible de descubrir en las formaciones geológicas.

Muchas de las formas vivas aparecen únicamente en determinadas regiones del planeta debido a que durante su evolución quedaron aisladas y desconectadas del resto de las tierras emergidas. Su evolución, fue independiente a la de otros organismos y en consecuencia, sus líneas evolutivas son propias y claramente definidas en un territorio concreto.


Algunas especies han desaparecido completamente, es decir, no han dejado descendencia, no han servido de puente dentro de la línea evolutiva, y han experimentado este proceso o fenómeno que se conoce como extinción. La desparición de otras, sin embargo, ha tenido matices distintos. También han desaparecido como especie diferenciada, pero han servido de base sobre la que han aparecido otras como respuesta a las  nuevas condiciones impuestas por el ambiente, y por el biotopo, y el resultado ha sido la aparición de otras especies a partir de un antepasado ancestral común que ya no existe.
           

Esta última modalidad de desaparición, base sobre la que,  CHARLES DARWIN desarrolló su teoría sobre el origen de las especies, ha sido la responsable del mantenimiento de la vida sobre un planeta en constante cambio. En este caso no se habla de extinción de una especie, sino de evolución de una especie en otra o en otras.

2- EFECTOS DE LA EXTINCIÓN DE LAS ESPECIES.

El lugar que ocupa una especie en el ecosistema al que pertenece es uno de los factores más importantes en la valoración de los perjuicios que, comporta su desaparición. Cuanto más “abajo” esté en la pirámide ecológica, es decir, cuanto más cerca esté de la fuente directa de entrada de energía al sistema, mayores consecuencias tendrá su desaparición para el resto de los componentes de la biocenosis.

La desaparición de una especie vegetal, de una planta, representa una singular pérdida en la capacidad de asimilación de energía radiante, de manera que la entrada de energía al ecosistema, se verá reducida en mayor o menor porcentaje. Esta disminución de producción primaria conlleva, irremediablemente, un recorte en la energía y la materia disponible para el resto de los organismos.

No obstante es necesario señalar que las complejas relaciones establecidas a lo largo de la evolución entre los diferentes organismos de un ecosistema hacen que la desaparición de una de las especies conlleve una reestructuración más o menos importante del conjunto de la red trófica, del circuito por el que circula la energía en el seno del mismo. Y esa reestructuración puede acarrear la desaparición de otras muchas especies incapaces de adaptarse a la nueva situación con la velocidad exigida por el cambio.

La desaparición de un predador, un organismo que se suele situar en un nivel alto dentro del grupo de los productores primarios, puede suponer la excesiva proliferación de las especies que constituían sus presas, generalmente herbívoros, y, como resultado de su explosión poblacional, puede terminar con la población de productores primarios. El ecosistema, en consecuencia, ve alterada su estructura de forma drástica.

Incluso la desaparición de especies que pertenecen a lo que en ecología se denomina cadenas colaterales, es decir, aquellos organismos que no tienen cabida en las imaginarias e ideales pirámides tróficas, representa un serio problema para el ecosistema. En este grupo se incluyen organismos tales como los hongos, que se encargan de descomponer la materia orgánica y reintegrarla en el ciclo general. Sin su concurso, la energía acumulada en forma de materia orgánica en cualquiera de los niveles tróficos no podría ser reconvertida en nutrientes, no se reintegraría al suelo que nutre a las poblaciones de productores primarios y, en consecuencia, éstos no podrían crecer.

3- CONSECUENCIA DE LA EXTINCIÓN PARA EL SER HUMANO.

Además de la importancia que la desaparición de una especie representa para el funcionamiento del sistema natural que es la biosfera y que, en definitiva, y desde el punto de vista global de la vida, es el más importante, la extinción de formas de vida afecta también directamente al hombre.
Dejando aparte las consideraciones de índole estética, moral o afectiva, que implica la pérdida de cualquiera de las especies con las que compartimos el planeta, la desaparición de muchos de ellas supone también una importante pérdida de posibilidades.

La mayor reserva de especies vegetales es, sin duda, la selva tropical y ecuatorial, los inmensos bosques húmedos que ocupan aún amplias extensiones del cinturón que rodea la Tierra y que poseen su máximo exponente en la Amazonía. La diversidad de especies vegetales en esas zonas resulta casi inimaginable para cualquier persona acostumbrada a paisajes más templados en los que los bosques suelen ser masas con unas cuantas especies arbóreas y otras más herbáceas y arbustivas. La exuberancia vegetal de la selva resulta, comparada con cualquiera de esos otros bosques, enorme y sorprendente, y el número de especies que forman parte de ella es extraordinariamente elevado


La tala masiva a la que se están sometiendo estos entornos boscosos –con fines madereros, mineros, hidráulicos o ganaderos- hace que sean muchas las especies que se ven amenazadas.. Muchas de estas especies son conocidas y están ya catalogadas por la comunidad científica, pero se calcula que un número varias veces superior desaparece sin haber pasado a engrosar siquiera las listas de especies descritas y conocidas.

4-EL HOMBRE COMO AGENTE DE EXTINCION

Generalmente no se trata de un proceso de extinción conocido o consciente. En ocasiones se desconoce que se está eliminando una especie en concreto, porque muchas de las especies ni siquiera son conocidas por la comunidad científica. La eliminación de formas vivas es, en consecuencia, un acto  involuntario.
Existen otras situaciones en las que la extinción de una especie, su puesta en serio peligro es consecuencia. Los intereses industriales, comerciales, urbanísticos y de otros muchos tipos que actúan como catalizadores de uno de los más graves sucesos que pueden acontecer en la biosfera: la desaparición completa de unos seres vivos.

La eliminación del hábitat de una especie es algo habitual en muchos puntos del planeta, especialmente en las costas masivamente urbanizadas, en las lagunas y marjales desecados para la instalación de diversas infraestructuras, en los bosques talados y reconvertidos en áreas de cultivo agrícola intensivo, etc.
Una especie, como ya hemos visto, ha evolucionado en un hábitat concreto, y a lo largo de su existencia ha desarrollado unas adaptaciones que le permiten obtener el máximo provecho de los recursos que ofrece el entorno, es decir, se ha especializado. Esta especialización, que por una parte resulta favorable para la supervivencia de cualquier especie, constituye un serio problema cuando las condiciones de su hábitat varían drásticamente, o cuando éste –como también ocurre en muchos casos- desaparece completamente.

La adquisición de adaptaciones tanto anatómicas como fisiológicas o comportamentales (etológicas) es un proceso largo, y los organismos no son capaces de llevarlo a cabo en el corto periodo de tiempo en el que se producen los drásticos cambios de su hábitat. Eso ha sucedido, por ejemplo, con el oso pardo de la península Ibérica, cuyos bosques se han visto seccionados y segmentados por vías de comunicación o convertidos en campos de cultivo, y con el lince ibérico, una de las especies más amenazadas del mundo, al tener un área de distribución que abarca únicamente algunas zonas de la península Ibérica. También en este caso ha sido la segmentación de sus territorios por las vías de comunicación y la urbanización de algunas de sus áreas de campeo los factores que, junto con la caza y el descenso de la población de conejos han llevado a esta bella especie al borde mismo de la extinción.


La caza ha sido, precisamente, uno de los factores que más han incidido en la desaparición de especies en el planeta. Las matanzas masivas de algunos animales, bien sea para aprovechar su carne, su piel o cualquier parte de su cuerpo, o simplemente para conseguir un trofeo cinegético con el que adornar el salón, han llevado a algunas aves y mamíferos a una completa y total desaparición.
El bisonte americano, el herbívoro de mayor tamaño de ese continente agrupado en rebaños que ocupaban amplias áreas del centro y el oeste de América del Norte, en los ecosistemas herbáceos de la pradera, soportó una caza abusiva a la que se vio sometido para proporcionar alimento a los trabajadores de las primeras y enormes vías férreas que atravesaron el subcontinente durante el siglo XIX terminó por convertir los varios millones de ejemplares en unos cuantos cientos que se salvaron gracias a la acción de grupos conservacionistas.

 

Actualmente las grandes matanzas prácticamente han desaparecido, pero han aparecido nuevas formas de eliminación de especies; la contaminación ambiental, especialmente la que envenena el agua de lagos y ríos, amenaza a numerosos organismos acuáticos, ya que varía drásticamente las características del agua de manera que resulta imposible la supervivencia en esas condiciones, y algo similar ocurre con la contaminación atmosférica, responsable de fenómeno conocido como lluvia ácida.

 

Una de las actividades que mayor incidencia están teniendo últimamente en la desaparición de las especies es el comercio ilegal, tanto de animales y plantas enteros como de partes de ellos. El afán de coleccionismo o incluso una afición tan respetable como la acuarofilia esconden, en muchas ocasiones, actividades poco respetuosas con los seres vivos que son los protagonistas de las aficiones. Pese a que actualmente muchos de los peces de acuario que se venden en los comercios especializados proceden de criaderos especiales localizados principalmente en algunas regiones del sudeste asiático, algunos otros siguen capturándose directamente en los ríos y lagunas que constituyen sus hábitats naturales. La merma en las poblaciones resulta, en estos casos dramática.

Algo diferente, aunque con resultados similares, es lo que ha ocurrido con especies como el rinoceronte negro africano (Africa oriental). Las creencias populares muy extendidas en Asia sobre los poderes afrodisíacos del cuerno de este animal han creado un comercio ilegal que produce pingües beneficios a los traficantes y a los furtivos, que, para hacerse con el “cuerno”, deben matar al animal. La población de este rinoceronte, que antiguamente resultaba numerosa y ocupaba amplias extensiones del Africa subsahariana, se ha visto tan reducida que los gobiernos de los países en los que aún habita han acabado por desarrollar planes de protección y reservas vigiladas en cooperación con organizaciones conservacionistas de diferentes partes del mundo.

Según la U.I.C.N. (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) el grupo de especies que se encuentra con mayores problemas para su supervivencia es, sin duda, el de los endemismos, las especies que poseen un área de distribución reducida. La mayor parte de las especies, que conforman este conjunto son plantas. Su capacidad para desplazarse es, generalmente mucho menor que la de los animales (viento, aves, deyecciones de animales), y ante la reducción de sus hábitats originales se ven incapacitadas para colonizar otras zonas en las que recuperar sus poblaciones.
 
En el momento en que vivimos el apocalipsis biológico tiene un sello inequívocamente humano: deforestación de grandes superficies boscosas, principalmente en áreas tropicales, aumentos continuados de la población humana; cada día nacen en el planeta 376.000 niños, que no vienen con un pan debajo del brazo, sino con unas necesidades biológicas para sobrevivir que aumentan las contaminaciones ambientales, urbanizaciones y turismos masivos que solo pueden realizarse a expensas de la desaparición de los grandes ecosistemas y habitats de la Tierra.

A estas amenazas de añade el calentamiento global. Las altas temperaturas podrían precipitar el fin de hasta el 37% de las especies. La concentración de gases de efecto invernadero es hoy de 379 p.p.m.. En los últimos siglos próximos fue de 250-280 p.p.m.. En el peor de los escenarios previstos y si no se toman medidas eficaces de reducción de producción de gases alcanzará al final del Siglo XXI la cifra de 1.250 p.p.m.
Los modelos de predicción del clima que ha encargado el Ministerio de Medio Ambiente a la Fundación de la Investigación del Clima de la Universidad de Castilla-La Mancha al equipo que dirige Manuel de Castro y que se han publicado recientemente preven que las temperaturas máximas suban en el periodo 2.040-2.070 entre 3,2 y 3,6 ºC y aún más en verano (Julio) respecto a la temperatura media registrada entre los años 1960 y 1990.

Vamos a tratar de comprender el alcance de estas cifras. El año 2006 ha sido especialmente cálido sobre todo en Junio, Julio y Septiembre, pero solo ha superado en 1,3 grados la media histórica de España (1960-1990).
Dos grados de subida de la temperatura media de España sería como situar Madrid a la latitud de Badajoz.

Si la humanidad opta por no reducir la emisión de gases de efecto invernadero el aumento de temperatura podría llegar hasta 5,6 ºC y según otros estudios hasta 7ºC. No solamente son importantes los números sino saber que el área mediterránea y más concretamente la península ibérica y nuestras islas son de las zonas con mayor exposición a la subida fuerte de temperaturas.
El efecto del cambio climático previsto ocasionaría impactos desastrosos por la extinción de especies, comprometería la vida humana en grandes extensiones de todos los continentes, alteraría la emigración de las aves, la hibernación de otros vertebrados, el momento de caída de la hoja necesario para la supervivencia por el ciclo vegetativo con descanso invernal de muchos árboles de hoja caduca con efectos desastrosos para la agricultura y la distribución de los cultivos, (reciente cultivo de viñas en Gran Bretaña) para el turismo de verano y de estaciones de esquí, una reducción del 17-20% de la disponibilidad de recursos hídricos en la Península Ibérica, mayor número de incendios, modificaciones geográficas en la distribución de las enfermedades conocidas y aparición de otras nuevas, aumento del nivel de los mares....y solo son unos ejemplos que son fáciles de extender.. 

 “En cada ecosistema donde irrumpe el hombre, el número de especies en peligro de extinción se incrementa” comenta EDUARDO ROLDAN del Museo Nacional de Ciencias Naturales.

Las especies más amenazadas se encuentran en desiertos y zonas áridas, más difícil supervivencia, más difícil reproducción, mayor dificultad por tanto para el incremento poblacional. Allí, la caza incontrolada acorrala a la gacela dama y al antílope asiático.
Entre los hábitats más amenazados destacan las islas. El confinamiento insular aporta ventajas, sin duda, pero cuando surge una amenaza se convierte en una encerrona mortal. Lo demuestra la trágica suerte del dodo, una de las tantas aves isleñas desaparecidas. De la mortandad tuvieron en parte culpa los marineros, las ratas y gatos que llegaron a las islas y que comían los huevos de ave, “máquinas de matar” que devastaron los ecosistemas insulares. Esta precaria situación es la misma que afecta a la avifauna del archipiélago canario, cuya pequeña superficie las hace mucho más vulnerables. No por azar la cuarta parte de las especies mas amenazadas de España se localiza en las Islas Canarias.

5-ESTRATEGIAS DE CONSERVACIÓN EN ESPAÑA

El territorio español cuenta con unas 100.000 especies de plantas diferentes, que representan el 80% de las existentes en la Unión Europea y casi el 60% de las que se hallan en todo el continente. De este último grupo más de 6500 son plantas autóctonas, con unos 1500 endemismos únicos en el mundo, y otros 500 son endemismos compartidos con el Norte de Africa.

En cuanto a la fauna, la Península Ibérica se caracteriza, también, por poseer la mayor riqueza biótica de Europa occidental con un total de entre 50.000 y 60.000 especies animales, más del 50% de las especies existentes en la Unión Europea. Además España goza de  una gran variedad de hábitats teniendo 121 tipos diferentes, lo que supone el 54% del total de hábitats existentes en toda la Unión.

La relación de algunas de las especies más amenazadas de España puede ser la siguiente:

MAMÍFEROS

1) FOCA MONJE (Monachus monachus)
2) LINCE IBERICO (Lynx pardina)

3) MURCIÉLAGO MEDIANO DE HERRADURA (Rinolophus  mehelyi)

5) VISON EUROPEO (Mustela lutreola)

 

4)OSO PARDO (Ursus arctos)

AVES

 

1) ÁGUILA IMPERIAL (Aquila adalberti)

2) ÁGUILA PESCADORA (Pandion haliaetus)

 

 

3) ALCAUDÓN CHICO (Lanius minor)

4) ÁNSAR CAMPESTRE (Anser fabalis)

 

5) ARAO COMÚN (Uria aalge)

6) AVETORO (Botaurus stellaris)

 

 

7) CERCETA PARDILLA (Marmaronetta angustirrostris)

8) CIGÜEÑA NEGRA (Ciconia ciconia)

 

 

9) FOCHA CORNUDA (Fulica cristata)

10) HALCÓN DE BERBERÍA (Falco pelegrinoides)

 

 

11) MALVASÍA (Oxyura leucocephala)

12) PAIÑO PECHIALBO (Pelagodroma marina)

 

 

13) PARDELA PICHONETA (Puffinus puffinus

14) PERDIZ NIVAL (Lagopus mutus)

 

15) PINZÓN AZUL (Fringilla teydea)

16) PORRÓN PARDO (Aythya nyroca)

 

 

17) QUEBRANTAHUESOS (Gypaetus barbatus)

 

 

ANFIBIOS

 

 

1) SAPILLO BALEAR (Alytes muletensis)

 

 

REPTILES

 

1) CAMALEÓN (Chamaeleo Chamaéleon)

2) LAGARTO ATLÁNTICO DE GRAN CANARIA (Gallotia atlántica delibesi).

 

3) LAGARTO GIGANTE DEL HIERRO (Gallotia simonyi)

4) TORTUGA LAÚD (Dermochelis coriacea)

 

 

5) TORTUGA MORA (Testudo graeca)

 

 

PECES

 

1) ESTURIÓN (Acipenser sturio)

2) FARTET (Aphanius iberus)

 

 

3) FRAILE (Blenius fluviatilis)

 

Los principales motivos de extinción son: Pérdida de hábitat, contaminación, caza ilegal, persecución o molestias de la actividad humana, introducción de especies foráneas, urbanización, turismo, tendidos eléctricos, destrucción de bosques y masas forestales, construcción de presas.

Los principales instrumentos para estas estrategias de conservación son:
-Convenio Marco de las Naciones Unidas sobre diversidad      biológica.
-Convenio relativo a Humedales de Importancia Internacional, especialmente como hábitats de aves acuáticas (RAMSAR, 1971).
-Convenio sobre la diversidad biológica (1992).

  1. Directiva Aves (79/409/CEE) y Directiva Hábitats (92/43/CEE), modificadas por la Directiva 97/62/CE) y transpuesta por R.D. 1997/1995 y 1193/1998.
  2. Estrategia forestal y plan forestal español.
  3. Estrategia española para la conservación y uso sostenible de la diversidad biológica.
  4. Plan estratégico español para la conservación y uso racional de los humedales.
  5. Ley 4/1989 de Conservación de Espacios Naturales y de la Flora y Fauna Silvestre.

 

El 25 de febrero de 1999 se aprobó la Estrategia Nacional para la Conservación del Lince Ibérico (Lynx pardinus),  endémico de la Península Ibérica, con una población que no sobrepasa los 160 ejemplares en el año 2006.

 

 

El 19 de octubre de 1999 se aprobó la Estrategia para la Conservación del Oso Pardo Cantábrico.

 

 

 

 

 

 

 

El 4 de julio de 2000  se aprobó la Estrategia para la Recuperación del Quebrantahuesos en España.

 

 

 

El 9 de julio de 2001 se aprobó la Estrategia para la Conservación del Aguila Imperial Ibérica. Según el censo de 1999 sólo quedaban en ese año 131 parejas de águila imperial (de ellas 104 reproductoras), todas localizadas en España.


 

La Estrategia Nacional para la Conservación del Lobo Ibérico (Canis lupus) fue aprobada en diciembre de 2004. Existen hoy día unos 2.000 ejemplares.

 

 

 

En marzo de 2004 fue aprobada la Estrategia Nacional de Conservación del Urogallo Cantábrico. En enero de 2005 se aprobó la Estrategia Nacional para la Conservación del Urogallo Pirenaico.

 

 

 

La Estrategia Nacional contra el uso de Cebos Envenenados en el Medio Natural, fue aprobada el 23 de octubre de 2004 para poner freno a las muertes de animales a causa de la utilización de cebos envenenados (3668 ejemplares murieron envenenados en la década 1990-1999, el 43,3% pertenecientes a especies incluidas en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas).

 

 

 

 

 


El Ministerio de Medio Ambiente –dentro del marco general previsto por la Estrategia de Biodiversidad- en colaboración con todos los sectores implicados, elaboró un  Plan Estratégico para la Conservación y Uso Racional de los Humedales, en 1982. Este plan ha incorporado 49 zonas húmedas, con 158.288 Has.

5.1 Espacios naturales protegidos.


El concepto de espacio natural protegido ha ido cambiando a lo largo de las últimas décadas. De ser el valor del paisaje casi la única consideración tenida en cuenta para otorgar a un espacio la categoría de singular, se ha pasado a valorar la diversidad de hábitats, de especies y de las funciones ecológicas, educativas y culturales que posee un lugar determinado.
Un espacio natural protegido es un área tanto terrestre como marina protegida jurídicamente en función de sus valores naturales y de los procesos ecológicos que en ella se desarrollan”.

En función de los bienes y valores a proteger, los espacios naturales protegidos se clasifican en algunas de las siguientes categorías: Parques, Reservas Naturales, Monumentos Naturales y Paisajes Protegidos. La declaración y gestión de estos (incluida la Red Ecológica Europea Natura 2000) corresponde a las comunidades autónomas en cuyo ámbito territorial se encuentran ubicados, sin perjuicio de lo dispuesto en las competencias estatales, en especial, en lo que respecta al mar territorial.

A finales de 2003 el número total de espacios naturales protegidos en el Estado español ascendía a 960, que ocupaban una superficie terrestre de casi 4,6 millones de hectáreas, el  9,10% del territorio español. La superficie marina protegida se eleva a 68.650 hectáreas. La figura del parque es la más representativa, con 149 espacios y el 71,93% de la superficie protegida. La figura de monumento natural es la más empleada con 252 espacios (EUROPARC-España, 2005).

La Comunidad Autónoma con más porcentaje de superficie protegida es Canarias (42,19%) y la que más aporta al conjunto del territorio del Estado español es Andalucía, con más de 1,6 millones de hectáreas, un 35,92% del total de la superficie protegida.           

5.2 Parques nacionales.

España fue uno de los primeros países del mundo que apostó por la creación de Parques Nacionales. La primera Ley que regulaba estos espacios fue promulgada en 1916.

En 1918 fueron declarados los dos primeros Parques Nacionales españoles: el de la Montaña de Covadonga y el de Ordesa. El último en incorporarse ha sido el de las Islas Atlánticas de Galicia el 1 de julio de 2002 pasando a ser el decimotercer Parque Nacional de la Red.

Se considera Parque Nacional: “Un espacio natural de alto valor natural y cultural, poco alterado por la actividad humana que, en razón de sus excepcionales valores naturales, de su carácter representativo, la singularidad de su flora, de su fauna de sus formaciones geomorfológicas, merece en su conservación una atención preferente y se declara de interés general de la Nación por ser representativo del patrimonio natural español”. Por tanto, para que un territorio sea declarado Parque Nacional deber ser: “representativo  de su sistema natural, tener una superficie amplia y suficiente para permitir la evolución natural y los procesos ecológicos, predominar ampliamente las condiciones de naturalidad, presentar escasa intervención sobre sus valores naturales, continuidad territorial, no tener genéricamente núcleos habitados en su interior, y estar rodeado por un territorio susceptible de ser declarado como zona periférica de protección”.

En España existen en la actualidad 13 Parques Nacionales: Picos de Europa (Asturias, Cantabria y León), Ordesa y Monte Perdido (Huesca). Teide (Tenerife), Caldera de Taburiente (La Palma), Aigües Tortes y Lago San Mauricio (Lleida), Doñana (Huelva y Sevilla), Tablas de Daimiel (Ciudad Real y Toledo), Timanfaya (Lanzarote), Garajonay (Gomera), Cabrera (Mallorca), Cabañeros (Ciudad Real), Sierra Nevada (Granada y Almería) y las Islas Atlánticas (Pontevedra y A Coruña).

5.3 Espacios naturales declarados Patrimonio de la Humanidad

Son varios los criterios que la UNESCO adopta para declarar un espacio natural Patrimonio de la Humanidad. Puede ser declarado por ser un lugar donde se producen fenómenos naturales extraordinarios o áreas de una belleza natural y una importancia estética excepcionales, o contener los hábitats naturales más importantes y representativos para la conservación “in situ” de la diversidad biológica, incluyendo aquellas zonas que albergan especies amenazadas, entre otros motivos.

España cuenta con varios escenarios naturales declarados Patrimonio de la Humanidad por sus excepcionales cualidades tanto intrínsecas, como por haber interactuado profundamente con la historia de la zona donde se ubican. Algunos de ellos son: El Parque Nacional de Doñana, la isla de Ibiza, el Parque Nacional de Garajonay, el Palmeral de Elche, Las Médulas y el Camino de Santiago, entre otros.

5.4 Reservas de la Biosfera.

La novedad que aporta este programa es la introducción de la participación activa de la población local y de todos los sectores para el cuidado de estos espacios y su implicación en la búsqueda y desarrollo de formas sostenibles de explotación de los recursos naturales, con el fin de crear estrechos lazos entre el hombre y la Naturaleza. Esta nueva concepción dista mucho de las figuras tradicionales de protección de espacios naturales que, hasta entonces, siempre habían surgido a iniciativa de los gobiernos y administraciones.

En la actualidad son ya 440 las Reservas de la Biosfera declaradas en 97 países del mundo. España, con 26 reservas, ocupa el tercer lugar. En 1977 fueron Grazalema en Cádiz y Ordesa-Viñamala en Huesca, las dos primeras reservas nombradas en nuestro país.

5.5 Red natura 2000


España, desde la entrada en vigor de esta Directiva, ha venido trabajando para identificar y designar en el territorio español los Lugares de Interés Comunitario (LIC) que posteriormente pasarán a ser Zonas de Especial Conservación (ZEC),  y que unidas a las  Zonas de Especial Protección (ZEPA) designadas en virtud de la Directiva de Aves (79/409/CEE, relativa a la conservación de aves silvestres), constituyen la Red Natura 2000. Las Comunidades Autónomas son las responsables de designar las zonas de especial interés que, posteriormente, pasarán a ser aprobadas por la Comisión Europea.


Se prevé que la Red Natura 2000 cuando esté finalizada en España, podrá llegar a ocupar casi cerca del 25% del territorio nacional, es decir, unos 13 millones de hectáreas.

5.6 Cuenta atrás 2010

La Cuenta Atrás 2010 es una amplia alianza de gente de diversos sectores que trabaja para que los gobiernos asuman los compromisos adquiridos con el medio ambiente y, de esta manera, se frene la pérdida de biodiversidad en Europa, teniendo en el horizonte una primera meta para la consecución de objetivos que es el año 2010.

El lanzamiento europeo de la Cuenta Atrás tuvo lugar en 2004. A partir de esa fecha ha contado con el respaldo de las sucesivas presidencias de la UE considerando esta iniciativa como una herramienta clave para cumplir con los compromisos ambientales.

Fruto de las estrategias y medidas de protecci ón adoptadas, se ha logrado frenar a partir del año 2000, el descenso de las poblaciones de oso, lobo, quebrantahuesos, águila imperial, buitre negro, avutarda y grulla.

Sin embargo, para otras especies no se ha logrado detener la disminución de su densidad de población, tales como el lince ibérico, el visón europeo, el urogallo cantábrico, el alimoche o el milano real, entre otros.

Por otro lado, aunque el planteamiento de la Ley de conservación de espacios naturales incluya la realización de planes de conservación para la totalidad de las especies amenazadas, la escasez de medios a disposición de los gestores ha limitado su actuación casi exclusivamente a planes de recuperación para las especies en mayor peligro (en peligro de extinción), sin que sea previsible que esta actuación pueda generalizarse a medio plazo a las restantes especies amenazadas.

6-PROTECCION DE ESPECIES EN PELIGRO DE EXTINCIÓN.

En respuesta a la demanda de medidas de medidas generadas en el seno de las sociedades occidentales para la corrección de los problemas, las administraciones públicas y estatales se han visto obligadas a desarrollar proyectos de conservación y protección.

Para llevar a cabo dichos programas, las administraciones se han apoyado en organizaciones internacionales y han promulgado convenios mediante los cuales se asumen compromisos conservacionistas por parte de los diferentes países.


 

 

 

Una de las convenciones más importantes es el denominado Tratado CITES, siglas inglesas de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres, promulgado en Washington en 1973. Mediante este instrumento se pretende regular uno de los más graves problemas para las especies: el tráfico de las mismas entre unas partes y otras del planeta, tráfico que supone la muerte de un elevado número de ejemplares de las especies con las que se comercia. Una de las principales consecuencias de la entrada en vigor del tratado fue la reducción del número de capturas de algunas especies y de la comercialización de productos derivados de los animales salvajes. Los cuernos de rinoceronte, los colmillos de elefante, los caparazones de tortuga, las manos de gorila o las pieles de leopardo y tigre se convirtieron en objetos cuya comercialización quedaba prohibida. Sin embargo, la disminución de estos productos en el mercado provocó un incremento de su precio y, como consecuencia, la aparición de grupos organizados de cazadores furtivos que se enfrentaron, en algunos casos de forma directa y con armas, a los agentes de protección de las reservas creadas para la conservación de algunas de estas especies.

Además de las organizaciones estatales que se han creado en muchos de los países para el control y la protección de las especies, han aparecido otras de carácter universal cuyo compromiso con la causa proteccionista ha calado profundamente en la sociedad. Nombres como Greenpeace, WWF (World Wildlife Fund) o UICN  (UNION INTERNACIONAL PARA LA CONSERVACIÓN DE LA NATURALEZA) son conocidos actualmente por un elevado número de personas y resultan habituales en los medios de comunicación. Algunas de ellas, como Greenpeace, ha desarrollado espectaculares acciones a favor de causas como la protección de las ballenas o de la Amazonía, con métodos que han sido capaces de situar el tema de la conservación o la protección en primera plana de los periódicos y en los titulares televisivos.

           

Mucho menos espectacular que el trabajo de estas organizaciones, aunque con un gran interés proteccionista y conservacionista, es la labor desarrollada por algunas instituciones como los zoológicos y los bancos de semillas. Los parques zoológicos, que fueron un simple recinto en el que se podían contemplar animales y que se nutrían de individuos capturados en sus hábitats mediante métodos poco respetuosos con la especie, han cambiado radicalmente su filosofía. En la actualidad estas instituciones –algunas como el zoo de Berlín, con un enorme prestigio- se han convertido en lugares de salvación para las especies más amenazadas. mediante reproducción en cautividad y reintroducción en sus hábitats naturales.

           


Algo similar ocurre con los jardines botánicos y los bancos de semillas. En ellos se reproducen especies vegetales amenazadas, y sus semillas se conservan en las condiciones adecuadas para que, en caso de desaparición de una especie de su hábitat natural se pueda reproducir e intentar su reintroducción. Los enormes bancos de semillas, alguno de ellos creados por poderosas empresas privadas que comenzaron su labor con fines puramente agrícolas, aseguran así la permanencia, al menos, de la esperanza de que algunas de las muchas plantas que pueblan el planeta no desaparezcan para siempre.

Los científicos interesados en el medio ambiente debaten sobre el modo de salvar una especie condenada a la extinción. Una estrategia pasa por proteger a las poblaciones en su medio natural y reforzarlas con especimenes criados en cautividad y cuyo perfil genético ha sido mejorado por selección  mediante inseminación artificial.

Otra opción consiste en reintroducir en el medio natural animales que únicamente sobreviven en cautiverio. Un ejemplo ha sido la salvación in extremis del caballo de Przevalski (TARPAN), la única subespecie salvaje de caballo existente. Descubierto en Mongolia en 1879, su número se fue reduciendo debido a la caza y la competencia del ganado doméstico. En 1967, unos pastores mongoles avistaron la última manada y en 1969 sólo un ejemplar galopaba por las estepas. Un programa de intercambio de animales entre zoológicos logró aumentar su variabilidad genética, y en 1992 se reintrodujeron 12 cabezas en el suroeste de Mongolia, donde se reprodujeron sin dificultad.

Algo distinta es la reintroducción de animales importados de hábitats similares. Uno de esos programas  tiene por protagonista a la foca monje del Mediterráneo, uno de los 10 mamíferos con mayor riesgo de extinción. Perseguida por pescadores, expulsada de sus playas por los turistas y envenenada por las mareas rojas, desapareció de nuestras costas en los años setenta del siglo XX. Hoy dia de la especie Monachus monachus sobreviven 500 individuos. Para evitar su extinción, la Fundación Territorio y Paisaje de Caixa Catalunya quiere trasladar varias camadas de cachorros desde Mauritania- uno de sus últimos enclaves- hasta áreas protegidas en Canarias, Cabo de Gata, Baleares y Cadaqués. Este operativo debe salvar el obstáculo planteado por la destrucción del hábitat original. Para tener éxito deberán cerrarse las playas escogidas a bañistas y embarcaciones, y, sobre todo, reconciliar a la foca con los pescadores. Una especie no puede reintroducirse contra la voluntad de la población local.



La clonación de los últimos supervivientes. Se ha estudiado la posibilidad de multiplicar especies en peligro, incluso, de recuperar especies extinguidas.  De momento, la pretensión de revivir animales muertos hace largo tiempo, al modo de “Parque Jurásico”, resulta imposible, Para clonar hacen falta grandes cantidades de tejido vivo, pues el ADN se deteriora con suma rapidez. ROBERT FLEISCHER, estima que “quizá dentro de 20 años se disponga de la tecnología para reparar el material genético dañado”. Sin embargo, lo fundamental es restablecer sus hábitats naturales.

A la clonación le quedan muchos obstáculos por superar: su ineficiencia –sólo el dos o tres por ciento de los intentos tiene éxito- y la eventual incompatibilidad del ovulo anfitrión con el ADN  a clonar. Se planteó el caso de la “Capra pyrenaica pyrenaica”,.pero la continuidad de la especie era prácticamente  imposible y se decidió no centrar esfuerzos en especies extintas”, afirma ROLDÁN. En esos casos extremos, la clonación no es la solución; la conservación del hábitat, las vedas de caza y otros métodos son prioritarios. “El concepto de Arca de Noé está obsoleto. Salvar una pareja y repoblar un territorio con sus crías no sirve; debemos salvar a la especie con su ecosistema”.

Aumentar la diversidad genética y el flujo génico entre los supervivientes es un objetivo de primer orden para los conservacionistas. “A la clonación le cabe un papel dentro de las técnicas de reproducción asistida, sobre todo para aprovechar el ADN de animales muertos antes de la edad de reproducción”. Dicho enfoque ha llevado a la creación de bancos por el CSIC: de semen, óvulos y embriones congelados de especies ibéricas amenazadas, con énfasis en el lince ibérico, el visón europeo, el oso pardo y 10 felinos suramericanos (éstos, en el marco de un proyecto de conservación hispano-argentino financiado por la Fundación BBVA). Con la utilización de muestras del mayor número posible de individuos, tales centros buscan facilitar el intercambio de genes entre poblaciones pequeñas y aisladas.

Un sector de la opinión pública no entiende como, habiendo millones de personas necesitadas de cuidados y ayuda se pretende canalizar muchos recursos para la salvaguarda de unos animales silvestres. Sin embargo ninguna especie existe aislada, sino que forma un eslabón del nexo que une a todos los seres vivos; de ahí que su extinción provoque una fatídica reacción en cadena: cada planta tropical que desaparece arrastra a 30 especies asociadas; por cada árbol tropical que se extingue, 400 especies perecen. Esa conexión vital es la que tratan de resaltar las campañas centradas en animales emblemáticos, ligados a un ecosistema particular. “Para proteger al oso es necesario salvar el bosque pirenaico, para apoyar al quebrantahuesos, los entornos de alta montaña; para el guacamayo, la selva tropical; para el lince ibérico, la sierra, las marismas y el bosque mediterráneo.

En el plano internacional, las campañas por las ballenas resuenan en todas las conciencias. En España cabe citar el plan de reproducción de la malvasía cabeciblanca –un pato buceador- en Molina de Segura (Murcia); el retorno del esturión al Guadalquivir; los cinco programas de recuperación del oso; o la crianza en una finca de Territorio y Paisaje de ovejas aranesas, cabras de Rasquera y asturcones. “Existe cada vez más sensibilidad, más apoyo”.


 

 

 


“Con sus 160.000 especies de animales y plantas, España posee una riqueza biológica sin par”. Conservar ese patrimonio exige cambios profundos, entre otros, “la erradicación de la noción de alimaña de la mentalidad colectiva”. Sólo de esa manera se cumplirá su sueño de ver al lince recuperar el terreno perdido. En el terreno ambiental, coinciden los expertos, la rapidez de reflejos es crucial. Con dolorosa frecuencia la legislación llega tarde. Y aun cuando llega a tiempo, existe riesgo de que se quede en un nivel testimonial: la prueba la aporta la denuncia de Ecologistas en Acción y WWF/Adena, respecto del incremento de cebos envenenados en los cotos de caza de Castilla-La Mancha. En esa comunidad se aprobó un Plan Regional de Lucha contra el Uso de Venenos; pero sólo en el año
2004 murieron envenenadas 7 águilas imperiales y 16 buitres negros en sus cotos. Los denunciantes lo achacan a la “falta de medios humanos, técnicos y económicos para aplicar el plan regional, a la insuficiente implicación de algunas fiscalías de Medio Ambiente y al escaso número de sanciones impuestas”.

En el mismo nivel de importancia se sitúan las políticas preventivas. En España, la primera línea del frente de batalla pasa por impedir que el urbanismo desaforado siga arrasando hábitats silvestres. “La construcción de una megaestación de esquí en San Glorio (León) puede extender el certificado de defunción a las poblaciones orientales del oso cantábrico”.

 Entre los biólogos se habla de seis extinciones masivas habidas en el planeta: en las primeras desapareció más del 50% de las especies por causas múltiples; la sexta –la mayor desde el fin de los dinosaurios, según el paleoantropólogo RICHARD LEAKEY-tiene una causa única: el hombre. Iniciada hace unos 15.000 años con la expansión humana por los continentes, sus primeras víctimas fueron los grandes herbívoros americanos, los mamuts y los paquidermos enanos de Chipre. De mantener su ritmo, a mitad de siglo habrá acabado con el 30% de las especies, prevé el paleontólogo Luis Alcalá en “Retos medioambientales del siglo XX”.
 
Entramos en el brumoso terreno de las predicciones. Hace apenas medio siglo, quien parecía en vías de extinción era el “Homo sapiens”. El fantasma de la guerra nuclear daba pie a pensar que pronto las cucarachas heredarían la Tierra. Hoy se diría que el ser humano se ha librado del suicidio colectivo para dirigir su furia destructiva contra lo que le rodea, con un efecto más silencioso que el de la bomba H, pero tal vez igual de mortífero.

Cabe concluir, con MIGUEL DELIBES hijo, que “no se trata sólo de sentimentalismo o buenas intenciones. El interés por conservar la biodiversidad tiene unas sanas y poderosas raíces egoístas.

6.1 Especies en recuperación

No todo es pesimismo: algunas especies han conseguido salir de la lista de especies en peligro. En Europa se ha logrado recuperar el número de águilas de cola blanca. Del águila calva americana quedaban 413 ejemplares en 1963 en EE.UU., y con la prohibición del DDT en 1973, su número se elevó hasta 7.066. Las tortugas de cara verde, arrinconadas por cazadores y plásticos se recuperan gracias a la persecución de la caza y el control de vertidos.

España también genera buenas noticias: la reaparición del lagarto gigante de La Gomera (se creía extinto hace 500 años); la de “Atractylis preauxiana”, un endemismo botánico de Gran Canaria, único en el mundo, y el aumento de la población de lobos, 2.000 ejemplares, la mayor de Europa occidental. La cigüeña blanca y el calamón no corren ya peligro, la tortuga boba vuelve a poner huevos en el litoral mediterráneo y la cabra de Gredos (en 1900 eran un macho, siete hembras y tres cabritos) supera hoy los 5.000 individuos. Además, en Andalucía han identificado ejemplares vivos del caracol “Orculella bulgarica”, del que sólo se tenía referencia fósil, y se ha logrado germinar en laboratorio el helecho “Crhistella dentata”, extinguido.

Mencionemos también al quebrantahuesos nombre que le viene de su modo de alimentación, basado exclusivamente en huesos: es la única ave del mundo capaz de digerirlos con hasta 30 cm de longitud y si son de mayor tamaño, los lanza desde lo alto hasta romperlos en trozos. El quebrantahuesos, el buitre más grande de la fauna europea, entró en 1990 en la categoría de especie amenazada de extinción inminente ¿Causas?Afición a la caza de aves de presa, choques con tendidos eléctricos, envenenamientos, pérdida de su hábitat por la proliferación de pistas de esquí, hoteles, carreteras..., y pérdida de su fuente de comida: la ganadería extensiva agravado por las medidas para la lucha contra la Encefalitis Espongiforme Bovina, de incineración o enterramiento de cadáveres. Hoy, la situación ha dado un vuelco espectacular: esta reliquia de la fauna española se encuentra en plena reconquista de sus antiguos hábitats, la sierrra de Cazorla (Andalucía) y los picos de Europa, mientras que aumenta su presencia en los Pirineos. En la serranía jienense, se ha producido la primera suelta controlada de pollos. En Aragón pronto tendrá lugar otra suelta a cargo del Departamento de Medio Ambiente del Gobierno autónomo, en colaboración con la Fundación para la Conservación del Quebrantahuesos. La reintroducción se ejecuta por medio del hacking o crianza campestre, técnica exitosa en los Alpes austriacos que consiste en llevar los pollos a una cueva en un cortado rocoso. En Cazorla, los tres pollos liberados disponen de una caverna con cámaras que emiten a un campamento próximo, desde el cual fueron observadas día y noche el primer mes. Para conocer sus movimientos en vuelo se les dotará de un sistema de seguimiento con GPS.

Es el fruto de más de diez años de programas de cría en cautividad en los que no se han escatimado recursos. Gracias a esas medidas, su población hoy rebasa los 400 ejemplares en España. “Es la única especie amenazada que ha experimentado una recuperación contrastada”, afirma el presidente de dicha fundación, GERARDO BÁGUENA.
A la vez que se extinguen muchas especies se describen otras. Sólo en España los científicos descubren cada año unas 150 especies nuevas de animales. No hay grandes santuarios por descubrir, sino insectos, invertebrados o moluscos. Especies pequeñas, diminutas, pero hasta ahora desconocidas para la ciencia, Por casualidad se descubrió hace un año un escarabajo en la sierra de Toledo o una rana en el Pirineo. El ritmo de descubrimiento no decrece, lo que demuestra que faltan muchas especies animales por catalogar. Pero muchas habrán desaparecido antes de ser descubiertas, ya que el planeta vive la sexta extinción masiva, a un ritmo muy superior al de nuevos descubrimientos.

Desde 1978 se han descubierto 3.627 nuevas especies en la Península y 1.417 en Canarias.

7-LA EXTINCION DE LAS ESPECIES MARINAS


           
La presión pesquera está llevando a las especies marinas al borde del colapso. La presión es enorme y cada día más acentuada. El bacalao de Terranova se agotó hace 20 años y todavía no se ha recuperado. La anchoa del golfo de Vizcaya ha entrado en peligro de extinción. Y otro tanto está pasando con el atún rojo; tiburones y rayas aparecen también en la lista de especies en peligro de extinción.

 

La lista puede alargarse. La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) ha lanzado una alerta contundente. El 25% de las 600 especies marinas más consumidas sufre sobrepesca o sencillamente se ha agotado. Otro 52% soporta una captura al límite de lo sostenible.

La situación en España –la flota con más toneladas de la Unión Europea es la siguiente: entre 1990 y 2003, la cifra de pescadores descendió de 98.000 a 50.000. Y ello pese a que España es uno de los mayores consumidores mundiales de pescado.

El atún rojo es el símbolo más dramático de esa dinámica destructiva. Se trata de una de las pescas más antiguas del mundo, además de una de las más valiosas del mercado. Reunidos en Octubre de 2006 en Madrid, los científicos de la Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico –el ente que gestiona la pesquería en el Mediterráneo y en el Atlántico- acaban de denunciar que las capturas de atún rojo se elevan a 50.000 toneladas anuales. Muy por encima de las 36.000 autorizadas y más del triple de lo que ellos consideran actualmente sostenible: 14.000 toneladas.
Los países pesqueros y consumidores de atún han acordado, en la ciudad japonesa de Kobe en Enero de 2007, un plan para evitar la desaparición de este animal marino, uno de los depredadores esenciales en la cadena trófica y muy apreciado sobre todo en Japón. De los dos millones de ejemplares capturados por año Japón consume el 25% del total.

 

Las granjas no son una solución, ya que para cebarlos previamente hay que capturarlos y después pescar gran cantidad de otras especies. El plan fue elaborado por unos 300 delegados más de 60 países participantes en la reunión, a la que se sumaron, como observadores, representantes de la industria pesquera y grupos reguladores y de protección de la naturaleza.
Entre las medidas que incluye el plan se encuentran la vigilancia en las diferentes regiones del planeta de las poblaciones de atún, mediante el control de las flotas y la mejora del intercambio de datos en las Organizaciones Regionales de Control de Pesca (RFMO en inglés). Además incluye un mecanismo para seguir la pista a cada pez desde su captura hasta su salida al mercado, lo que haría más difícil la pesca furtiva, así como la aplicación de medidas penales y sanciones para frenar la pesca ilegal.
Sin embargo, los conservacionistas critican el plan porque “Consideramos esta reunión un fracaso porque no ha conseguido acordar ninguna acción concreta y lo único que se ha convenido es reunir más datos y hablar con mayor frecuencia.

Sin embargo, a pesar de las alertas de los científicos y de algunas medidas de emergencia, los mares viven un aumento de la explotación pesquera, por mucho que haya menos trabajadores en el sector. No aumenta el número de barcos o de horas de pesca, pero la tecnología hace cada vez más eficaz. Los pesqueros pueden ser guiados hacia sus presas por radares o incluso por helicópteros: la tecnología ayuda. Y hace todavía más preocupante que el volumen de capturas se estanque o caiga.

Mientras algunos pescadores optan por la pesca sostenible, otros arrasan al máximo. Es un secreto a voces, por ejemplo, que no se respeta el límite de 500 caballos de potencia para los motores de los barcos en el Mediterráneo. Los expertos advierten de que algunos pesqueros, convertidos en armas mortíferas, navegan con potencias de hasta 2.000 caballos. Las redes de arrastre colaboran por otra parte a diezmar las poblaciones tanto de peces y mariscos como de tortugas.
Si las cosas están así en Europa, aún peor van en el Tercer Mundo.

En el periodo 2000-2006, la UE ha destinado al sector pesquero con 3.701 millones de euros. Casi la mitad del total, a España. Estas ayudas europeas contribuyen a mantener en el mar barcos que no son rentables. ¿Y eso es bueno o malo? Depende, obviamente, de si se juzga desde la óptica socioeconómica o desde la medioambiental.

La organizaci ón ecologista WWF/Adena, muy activa en el sector, exige reglas más estrictas, más controles y un cambio de política, en la pesca y también en la acuicultura, que ya representa el 43% del consumo mundial de pescado. “Hay que defender más el recurso”, dice RAÚL GARCÍA, de WWF, “y no siempre lo hace la flota, sobre todo la industrial, que es la que recibe gran parte de los subsidios, y tiene menos que perder a plazo corto por el agotamiento de los caladeros más próximos”, porque estos buques  pueden fácilmente buscar caladeros lejanos, a diferencia de la flota de bajura.

En menos de 50 años, las principales especies de pescado para consumo humano habrán desaparecido o estarán próximas a su desaparición si no se pone remedio con urgencia a la sobrepesca, contaminación de las aguas y ruptura de equilibrios entre especies que viene produciéndose desde hace tiempo, según un estudio de la revista Science.

Para la generación siguiente, pescados como el bacalao, la merluza o el mero libres en nuestros mares serán tan escasos y caros que solo serán asequibles a los consumidores de gran poder de compra. Todo esto afecta especialmente a España, uno de los países (después de Japón, China, Noruega y Portugal) con mayor consumo de pescado por habitante y año.

Hace 40 años, la flota del Cantábrico capturaba 80.000 toneladas de anchoa por campaña. En la última no llegaron a 800 toneladas.  Los límites a la pesca de la anchoa en el Atlántico norte y la sobreexplotación en el sur de otras especies amenazan el ecosistema de la Patagonia. La alerta ha  sido emitida por un grupo de científicos en las revistas Science y Nature. Estos temen que la falta de capturas en el norte obligue a los pesqueros a dirigirse al sur, donde la anchoa es la base de la cadena alimentaria.

Los autores del trabajo, investigadores de la Universidad de Washington en Seattle (EE.UU.) y de la Fundación argentina Patagonia Natural sitúan el comienzo del peligro en 2003, cuando el Gobierno argentino, ante la escasez de otras especies, como la merluza, decidió fomentar la pesca de la anchoa del sur (Engraulis anchoita), que consideraba “poco explotada”. En 2004 y 2005 las capturas de esta especie superaron las 30.000 toneladas, por primera vez en la historia, La práctica desaparición de anchoas en el norte puede ser la puntilla para el ecosistema del Atlántico Sur.

Otro de los peligros que amenaza a las anchoas del sur –y a otras especies que no son consumidas habitualmente por el ser humano-es la captura para fabricar piensos destinados a las piscifactorías de otros animales más rentables, como el atún, el salmón o el rodaballo. Esta demanda ha aumentado hasta un 50% entre 1998 y 2004, y va a seguir en aumento.

Como un ejemplo de este crecimiento en la explotación, los investigadores indican que Uruguay ha iniciado la construcción de una planta con capacidad para procesar 200.000 toneladas de anchoas al año, siete veces el volumen de capturas actuales en la zona por la flota argentina.

El estudio de Science alerta  de los efectos de la pérdida de la biodiversidad marina, pero sostiene que todavía es tiempo de evitar el colapso, El aspecto más optimista es que la regeneración de los ecosistemas marítimos puede ser muy rápida si se actúa con diligencia, estableciendo moratorias en la pesca y áreas protegidas. Inversamente, el coste de no actuar a tiempo no sólo se mide en relación con la desaparición de uno de los principales alimentos de la humanidad desde el paleolítico, sino en deterioro del ecosistema, con efectos como las invasiones de medusas en las playas.
El exvicepresidente norteamericano AL GORE, cuyo documental sobre los efectos del cambio climático, proyectado en España en Octubre de 2006, demuestra que la falta de reacción ante riesgos controlables provoca años después cambios tan incontrolables, que combatirlos es imposible o demasiado costoso.

8- POBLACION, URBANIZACION y DESARROLLO. ARMONIA Y DESEQUILIBRIOS PLANETARIOS.

Después de 2000 siglos de historia evolutiva de los homínidos y a los 70 siglos del Neolítico el inicio de los cultivos agrícolas y la domesticación de los animales y ya en el siglo XX de lo que en Occidente llamamos civilización cristiana, se produce un gran incremento poblacional acompañado de una urbanización poco controlada y el desarrollo acelerado de una sociedad que consume recursos energéticos fósiles almacenados durante millones de años.
           
La pregunta es cuanto hay de preocupación y lamento en esta alegría desarrollista.


Según Naciones Unidas, por primera vez en la historia la mayoría de los seres humanos están viviendo en grandes zonas urbanas con poblaciones de 10 millones de habitantes o más.
Sólo una ciudad en toda la historia –la Roma antigua- contaba con una población de más de un millón de habitantes.
En el siglo XIX, Londres se convirtió en la primera ciudad moderna con una población de más de un millón de personas,  esto sucedió en el año 1820. En la actualidad, 414 ciudades poseen una población superior a un millón de habitantes, y no se atisba el fin del proceso de urbanización, ya que en el conjunto del planeta nuestra especie está creciendo a una velocidad alarmante.        

           
Mientras los humanos dependieron del flujo solar, los vientos, las corrientes y la energía animal y humana la población se mantuvo relativamente baja para adaptarse a la capacidad de carga de la naturaleza: la capacidad de la biosfera para reciclar residuos y reponer recursos. El punto de inflexión se produjo con el descubrimiento y utilización, de grandes cantidades de energía solar almacenada, primero en forma de depósitos de carbón, y luego, petróleo y gas natural bajo la superficie terráquea. Aprovechados por el motor a vapor y más tarde por el motor de combustión interna, y convertidos en electricidad y distribuidos a través del tendido eléctrico, los combustibles fósiles permitieron a la humanidad crear nuevas tecnologías que aumentaron de manera espectacular la producción de alimentos, artículos manufacturados y servicios. El incremento de la productividad derivó en el crecimiento desenfrenado de la población y la urbanización mundial.
           
Nuestra población en aumento y nuestro estilo de vida urbano se han conseguido a expensas de la desaparición de los grandes ecosistemas y hábitat de la Tierra. El historiador cultural ELIAS CANETTI ha comentado que cada uno de nosotros es  un monarca en un campo de cadáveres. Si nos detuviéramos por un momento y reflexionáramos sobre el número de criaturas y recursos de la Tierra que hemos extinguido y consumido en nuestra vida, nos horrorizaría la carnicería y la explotación que han sido necesarias para garantizar nuestra existencia.

Nuestra especie actualmente consume casi un 40% de la producci ón primaria neta de la Tierra, aunque sólo constituimos un 0,5%, de la biomasa animal del planeta.

Mientras celebramos la urbanización del mundo, nos aproximamos rápidamente a otro hito histórico: la desaparición de la naturaleza. El crecimiento de la población y el consumo de alimentos y agua, la ampliación de las carreteras y los ferrocarriles, y la expansión urbana continúan invadiendo la naturaleza y abocan a la destrucción de muchos ecosistemas.

Nuestros científicos nos dicen que a lo largo de la vida de los niños que ahora nacen, la naturaleza se irá alterando gravemente en la faz de la Tierra tras millones de años de existencia.


 Según PIERRE M. FORGET, desde los inicios de la Agricultura en el Neolítico hasta el principio del siglo XX de nuestra era, la superficie total de las selvas tropicales mundiales, no se modificó, y se mantuvo en torno a los 12 millones de Km cuadrados.

Según estimaciones de la UNESCO, Costa de Marfil ha perdido el 80% de su riqueza forestal, Ghana el 85% y las Islas Filipinas más del 90%. Solo las selvas tropicales declaradas en el momento actual zonas protegidas, y constituidas en reservas naturales, o las que sigan siendo inaccesibles, permanecerán como tal en el año 2020, por ejemplo la cuenca del Congo en Zaire y el Noroeste de la zona Amazónica. No obstante la autopista transamazónica, que cruza toda la extensión de la selva del Amazonas está acelerando la devastación del último gran hábitat natural. Otras regiones naturales, desde Borneo hasta la cuenca del Congo, están degradándose rapidamente, y abriendo camino a unas poblaciones humanas cada vez mayores que buscan espacio y recursos para vivir. No es de extrañar que, según el biólogo de Harvard  E.O. WILSON, estemos experimentando la mayor oleada de extinción masiva de especies animales en 65 millones de años. Actualmente perdemos por extinción entre 50 y 150 especies al día. En 2100, dos terceras partes de las especies supervivientes de la Tierra probablemente se habrán extinguido.

Los cultivos son grandes devoradores de masas forestales. En Etiopía, los árboles han desaparecido, siendo sustituidos por plantaciones, la mayoría de algodón, y el resto de caña de azúcar. En América Central, la cría de bovinos ha provocado la desaparición de dos tercios del bosque. La instalación del hombre en tierras casi despobladas del Amazonas, ha determinado que muchas familias busquen terrenos que ofrezcan lo imprescindible para vivir. Los nuevos colonos no tienen demasiados conocimientos acerca de las tierras que trabajan, y lo que han conseguido en pocos años y en amplias zonas, ha sido destruir la pequeña capa de humus de los terrenos cultivados, con una degradación del paisaje, y una pérdida del equilibrio ecológico, que ha transformado en suelo pobre lo que antes tenía una vegetación exuberante.

La necesidad de proteger las selvas tropicales, plantea un grave problema ya que la inmensa mayoría de estas masas forestales, se encuentran en los países económicamente menos desarrollados. Por consiguiente, solo se puede solicitar su colaboración en la salvaguarda de un patrimonio natural escaso e imprescindible, si al mismo tiempo se encuentran otras formas de financiación equivalentes al provecho económico inmediato de la deforestación.

Las especies que viven en la actualidad son, en consecuencia, supervivientes. Pero no son estas mismas especies las que habitaban en el planeta en épocas pasadas. En realidad, la mayoría de las que podemos ver actualmente son los últimos representantes de cada una de sus líneas evolutivas, los que acumulan todas las adaptaciones que sus antecesores han ido desarrollando para hacer frente a los problemas de permanencia que a lo largo de su dilatada existencia les ha planteado el medio. Y estas especies son, asimismo, simplemente uno más de los pasos, de las etapas evolutivas de su grupo, de manera que, cuando las condiciones del medio hayan variado lo suficiente, darán paso a nuevas especies mejor adaptadas.

Pero ha sido el hombre desde sus propios albores, en su condición de recolector, cazador, pastor o agricultor quien ha violentado la naturaleza en su propio beneficio. Estrictamente hablando no es posible distinguir entre medio ambiente natural y medio ambiente artificial, ya que desde que el ser humano intervino en la naturaleza, esta  siempre ha estado mediatizada por el trabajo humano.
Nuestra especie biológica, el homo sapiens, se definió en Africa hace unos 200.000 años. Desde Africa hemos colonizado todos los continentes, exterminando otras formas de homínidos y primates, incluyendo formas de homo erectus. El famoso hombre de Neanderthal que vio la luz por última vez en algún punto del Mediterráneo Occidental hace unos 30.000 años probablemente sucumbió también por la competencia de nuestra especie.

Nosotros evolucionamos anatómica, fisiológicamente  y por el comportamiento para ser  cazadores. Vivíamos en pequeñas bandas o grupos de 25 a 50 individuos, obteniendo alimento de la vegetación y de la caza. Obligatoriamente era necesario un buen conocimiento del ambiente para poder sobrevivir y este se aprendía por la enseñanza práctica de las generaciones anteriores.
Sin embargo en aquellos momentos el hombre no se siente todavía un ser superior algo diferente del resto de la biosfera, sino un todo continuo con ella.

Cuando estas formas primitivas humanas, en equilibrio con su entorno invaden todos los hábitats disponibles y en todos los continentes y cuando el incremento de población se sigue produciendo y se rompe la armonía ambiental se genera la primera gran crisis que sustituye la economía de caza-recolección por la de agricultura y ganadería. La presión de la población sobre su medio natural hace necesaria la primera intensificación productiva.

Entonces la vida se complica, se termina el bíblico paraíso terrenal y una ruptura de sus pactos con Yahvé o el entorno, les lleva a ganarse el pan con su esfuerzo, con el sudor de su frente, tienen que salir del paraíso y eso es lo que está recogido en la memoria colectiva de La Biblia y se llamó posteriormente la revolución agrícola.

En varios puntos del globo simultáneamente hace unos 10000 o 12000 años, por ejemplo en el Extremo Oriente, en las altiplanicies andinas o en la America Central entre otros puntos y sin que haya una comunicación posible entre estos focos, la presión de la población sobre el medio natural da lugar a los cultivos y a la cría animal. La agricultura obliga a las primeras poblaciones que trabajan la tierra y han domesticado los animales a un trabajo continuo, ya no cazan esporádicamente y el resto del tiempo descansan sino que trabajan continuamente, pero es la única forma de obtener más productos de la tierra y alimentar a poblaciones más numerosas.

Después aparecen los grandes imperios, las civilizaciones basadas en la agricultura, en la domesticación de plantas después el cultivo de unas pocas semillas sometidas a un proceso continuo de selección genética, domesticación de animales, más tarde la explotación de unas pocas razas de cada especie con pérdida de patrimonio genético, y el control de los recursos hidráulicos, como la civilización egipcia, que a lo largo del Nilo en el seno de un desierto establece desde hace miles de años sistemas de regadío. Se establecen los mercaderes, el comercio, aparecen las grandes innovaciones tecnológicas, como lo es en la época el arado.
Hay que pensar que la sociedad humana de la caza-recolección se mantiene durante al menos 5000 generaciones, lo que podemos llamar agricultura tradicional se remonta a unas 400 generaciones. Ahora en los inicios del siglo XXI estamos en la cuarta o quinta generación en la que las nuevas técnicas de aprovechamiento al servicio de la optimización productiva, han ocasionado la sobreutilización de los recursos endógenos, y la creciente dependencia de los inputs externos. Todo lo cual, hace que estas incidencias múltiples y concatenadas, puedan afectar profundamente al medio ambiente, con efectos acumulativos perjudiciales, con frecuencia difícilmente reversibles.

El planeta Tierra ofrece una gran variedad de hábitats. bosques húmedos, bosques templados, sabanas, estepas, desiertos helados, desiertos tropicales, bosques de coníferas, altas cumbres, ríos, lagos de aguas dulces, lagunas de aguas saladas, mares fríos, mares cálidos, simas subterráneas. Cada uno de ellos posee unas características propias lo que ha determinado la impresionante diversificación de especies vivas,  ya que cada una de ellas se ha adaptado a las características del ambiente en el que se han evolucionado.

Es arriesgado hacer futurología, pero es obvio que el actual modelo de desarrollo con el impacto sobre la biosfera y la temperatura del planeta provocado en buena parte por la dependencia de combustibles fósiles, por las grandes infraestructuras de comunicaciones y por la urbanización casi sin límites, es insostenible. Nuestra sociedad no se ve amenazada prioritariamente por el agotamiento de recursos no renovables, sino por el impacto de nuestra vida sobre los sistemas vitales soporte de la vida del planeta, y por la influencia sobre suelo, aguas y atmósfera (P. RUIZ 1992). No se puede crecer indefinidamente en un sistema cerrado como es la biosfera porque el sistema se ve afectado lo suficiente para desestabilizarlo.

Hasta hace unos pocos años los problemas medioambientales han tenido la consideración de anecdóticos o baladíes, y todo lo más se consideraba el medio natural como un adorno del planeta. Hoy, los problemas medioambientales adquieren mayor importancia que otras consideraciones jurídicas o nacionalistas, porque el porvenir de nuestra especie está muy mediatizado por una relación armónica del hombre con la naturaleza. Todo un sistema de valores se ha puesto en cuestión.


 

 

 

 

 

 

Otro aspecto a considerar es el hecho de que no todos los seres humanos tienen el mismo peso en la crisis ambiental; los ciudadanos de los países desarrollados alteran el medio natural mucho más que los de los países llamados eufemísticamente en desarrollo, y algunas primeras potencias mundiales y algunos sectores capaces de tomar decisiones en los países desarrollados tienen una incidencia fundamental.

Es evidente que la tecnología actual es mucha más agresiva que la de hace unas décadas y es el uso y sobre todo el abuso de estas nuevas técnicas lo que hay que normalizar, vigilar y compatibilizar. Porque afortunadamente también la nueva tecnología ofrece interesantes posibilidades productivas, y el desarrollo de nuestras sociedades está basado en el consumo masivo, por lo que cualquier merma del consumo será una mala noticia para los que esperan que al final de cada año se produzca un crecimiento importante del P.I.B.

Es necesario cambiar las bases de la economía mundial, reducir la utilización de combustibles fósiles, frenar el calentamiento, la contaminación y el deterioro galopante del planeta (atmósfera, mares y ríos, costas y montañas). Aún estamos a tiempo porque la mayoría de sus pobladores no son tan desarrollados y civilizados como nosotros. Es necesario  un cambio radical que utilice las nuevas tecnologías y desarrollos con las limitaciones y precauciones precisas para no seguir dañando y aún más recuperar nuestros ecosistemas. Si no actuamos así, estar disertaciones ecológicas quedarán reducidas sencillamente a una farsa.

Sin duda, hay mucho que aplaudir de la vida urbana: su rica diversidad cultural, sus relaciones sociales y la densa actividad comercial. Pero es una cuestión de magnitud y escala. Debemos reflexionar sobre la mejor manera de reducir nuestra población y desarrollar entornos urbanos sostenibles que utilicen con mayor eficacia la energía y los recursos, que sean menos contaminantes y que estén mejor diseñados.


El Colegio Oficial de Veterinarios de Valladolid, ya en el año 1991, cuando se daban los primeros pasos de los estudios medioambientales, organizó unas Jornadas que recogían estas inquietudes y que continuaron en años sucesivos, como puede apreciarse en el cartel.
En resumen: en la gran era de la urbanización hemos aislado cada vez más a los humanos del resto del mundo natural en la creencia de que podríamos conquistar, colonizar y utilizar la rica generosidad del planeta para garantizar nuestra completa autonomía sin consecuencias funestas para nosotros y para las generaciones futuras.


James Lovelock, científico británico que creó la teoría de GAIA, que define al planeta como un conjunto interdependiente y que precisa la autorregulación, acaba de publicar su último libro titulado “The revenge of gaia” (La venganza de gaia) en el que nos amenaza con los siguientes pronósticos: En el año 2050 habrán desaparecido totalmente los casquetes polares y en el año 2100 se habrán inundado muchas zonas costeras y muchas zonas terrestres, incluso algunos países quedarán sumergidos; se iniciarán guerras de supervivencia para ocupar espacios habitables, ya que las zonas adecuadas para la vida serán las próximas a la zona ártica.
El informe del cambio climático de Febrero de 2007, nos dice que el momento de tomar medidas para controlar el efecto invernadero ha llegado ya, aún más que es urgente y que existe un retraso con relación al momento más adecuado. El informe lo suscriben 2500 científicos y afirman que el nivel del mar seguirá aumentando durante más de 1000 años aunque reduzcamos paulatinamente el efecto invernadero. El hombre está alterando a gran velocidad los equilibrios que hacen que el planeta sea habitable y está comprometiendo seriamente su supervivencia.


En la próxima fase de la historia humana será primordial controlar el origen de la energía consumida revisar el desarrollo de los últimos decenios (carreteras, urbanismos en costas y áreas protegidas, número de automóviles y combustible utilizado, industrias contaminantes, explosión demográfica......), tendremos que encontrar un modo de volvernos a integrar con el resto de las especies animales y vegetales del planeta, si pretendemos preservar la continuidad de nuestra especie y conservar el planeta para nuestros hijos y para el resto de las criaturas.

 

 

Real Academia de Ciencias Veterinarias
MADRID 14-Febrero-2007